Este libro es como una cena planeada con mucho mimo. Compras los mejores ingredientes, piensas las mejores recetas que conoces, sacas la mejor vajilla e invitas a tus mejores amigos. Llega el día, y por alguna extraña razón, te dedicas a perder el tiempo miserablemente. Así que te olvidas de sacar el jamón de la nevera y de meter el vino, pones el asado tarde y para compensar subes demasiado la temperatura, tienes que cocinar ya vestido y te haces un lamparón en tu mejor camisa. Así, cuando llegan tus invitados, estás colorado por el agobio, sucio y de mal humor. Y ellos disimulan como pueden ante el jamón algo rechivido y el asado crudo por dentro mientras sorben el cava tibio.Es exactamente la sensación que te deja este nuevo libro de Pablo Tusset, como si no hubiese tenido tiempo de elaborarlo. Los trazos, los personajes, los ingredientes en suma son de calidad, pero la sensación del conjunto es un poco basta, poco elaborada, barroera que dirían los catalanes. Hay destellos de su genio, sobre todo cuando parodia de forma muy certera las ínfulas regional-nacionalistas de los presidentes autonómicos, pero quedan diluidas en una historia pobretona. Y sobre todo se echa de menos el lenguaje y la estructura de sus anteriores novelas, excelentes las dos.
Es como su editor le hubiera dicho: Pablito, guapo, mira, está muy bien eso de querer crear un libro con el esquema de "El Jardín de las delicias" del Bosco (En el nombre del cerdo), pero a la gente lo que le mola es el croasán. Hazme el favor de entregarme a la de YA uno de esos y olvidate de escribir "la gran novela americana". Y el Tusset hubiese cogido retazos de escenas de esas que a cualquiera medianamente ingenioso se le ocurren esperando, por ejemplo, en un aeropuerto, las hubiese hilvanado, metido en un archivo y lo hubiese entregado.
Una pena, Tusset, yo se que puedes hacerlo mejor. Y a mí, si que me gustó la del cerdo, vuelve, por favor.



