martes 24 de noviembre de 2009

Sakamura, Corrales y los muertos rientes

Este libro es como una cena planeada con mucho mimo. Compras los mejores ingredientes, piensas las mejores recetas que conoces, sacas la mejor vajilla e invitas a tus mejores amigos. Llega el día, y por alguna extraña razón, te dedicas a perder el tiempo miserablemente. Así que te olvidas de sacar el jamón de la nevera y de meter el vino, pones el asado tarde y para compensar subes demasiado la temperatura, tienes que cocinar ya vestido y te haces un lamparón en tu mejor camisa. Así, cuando llegan tus invitados, estás colorado por el agobio, sucio y de mal humor. Y ellos disimulan como pueden ante el jamón algo rechivido y el asado crudo por dentro mientras sorben el cava tibio.

Es exactamente la sensación que te deja este nuevo libro de Pablo Tusset, como si no hubiese tenido tiempo de elaborarlo. Los trazos, los personajes, los ingredientes en suma son de calidad, pero la sensación del conjunto es un poco basta, poco elaborada, barroera que dirían los catalanes. Hay destellos de su genio, sobre todo cuando parodia de forma muy certera las ínfulas regional-nacionalistas de los presidentes autonómicos, pero quedan diluidas en una historia pobretona. Y sobre todo se echa de menos el lenguaje y la estructura de sus anteriores novelas, excelentes las dos.

Es como su editor le hubiera dicho: Pablito, guapo, mira, está muy bien eso de querer crear un libro con el esquema de "El Jardín de las delicias" del Bosco (En el nombre del cerdo), pero a la gente lo que le mola es el croasán. Hazme el favor de entregarme a la de YA uno de esos y olvidate de escribir "la gran novela americana". Y el Tusset hubiese cogido retazos de escenas de esas que a cualquiera medianamente ingenioso se le ocurren esperando, por ejemplo, en un aeropuerto, las hubiese hilvanado, metido en un archivo y lo hubiese entregado.

Una pena, Tusset, yo se que puedes hacerlo mejor. Y a mí, si que me gustó la del cerdo, vuelve, por favor.

jueves 30 de julio de 2009

De la cerveza, las marcas y la distribución.




CASO REAL


Unas amigas preparan una fiesta en una casa rural y deciden hacer la compra por internet. La Amiga 1 vive en Madrid y es la que hace la compra, la Amiga 2 vive en Barcelona y coordina la fiesta y la Amiga 3 vive en Bilbao pero será la que recoja la compra y la lleve a la casa, puesto que casualmente está más cerca del punto de reunión que está en el Penedès.

Mails cruzados:

From: Amiga 1 (Madrid)
To: Amiga 2; Amiga 3

He comprado todo y lo he dejado pagado menos las cervezas porque el el caprabo en casa NO VENDEN. Amiga 3, cómpralas tu cuando pases a buscar la compra.

From: Amiga 2 (Barcelona)
To: Amiga 1; Amiga 3

Pero si acabo de mirarlo y tienen de todo! (la amiga 2 ha visto QUE VENDEN ESTRELLA, FREEDAMM Y VOLLDAMM) Bueno, si eso Amiga 3 cómpralas in situ

From: Amiga 1 (Madrid)
To: Amiga 2; Amiga 3

En el Caprabo en casa NO TIENEN MAHOU

From: Amiga 3 (Bilbao)
To: Amiga 2;Amiga 1

No os preocupéis, yo COMPRO LA CERVEZA.

La Amiga 3 compró la cerveza. Evidentemente compró SAN MIGUEL y SAN MIGUEL 0,0. Ni se planteó otras marcas.

Conclusión: ¿Cuánto poder tiene la distribución de bebidas que consigue que según dónde vivas la cerveza, así en genérico, sea de una marca u otra? Si identificar el genérico con una marca determinada de forma permanente e insustituible (el sueño húmedo de la mayoría de los brand managers) depende en muchas ocasiones del lugar en dónde vives... ¿Qué sentido tiene invertir en construcción de marca para bienes de consumo másivo como la cerveza? Si para uno "comprar cerveza" es igual a comprar una marca determinada (recordemos el "no venden cerveza" porque no había una marca X)... ¿Quien es el brand builder?¿El jefe de compras de la distribuidora local?

miércoles 15 de julio de 2009

Las Stadium Bands



Existen dos tipos de grandes bandas musicales: las que son Studium Bands y las que NO. Y es algo que va más allá del número de discos vendidos, la promoción o el aforo que reúnen.

Y las que lo son, lo son, y las que no, por mucho que lo intenten no lo serán jamás. A no ser que se espabilen mucho. Y no tiene que ver con la potencia de sus equipos o con los millones de euros que se gasten en sus montajes, por ejemplo, AC/DC es más bien espartano en sus actuaciones y son una gran Stadium Band, aunque también es verdad que la mayoría se gastan un Potosí en sus giras. Son esos grupos que cuando sales de uno de sus conciertos sales satisfecho por lo vivido. No dan un concierto, te hacen vivir una experiencia. Y consideras adecuado el value for Money.

Por ejemplo, a un concierto NO vas a escuchar música, porque para eso la escuchas en tu casa, con tus mejores amigos y una cerveza fría y te olvidas del calor, el desplazamiento, las colas, los empujones y los botellines de agua a cuatro euros (y sin tapón); al concierto vas a “comulgar” con tu grupo:a gritar, cantar y bailar. Por eso agradeces cuando el cantante señala al público con el micro y te deja hacer karaoke. Y que te pongan luces bonitas y den algo más como tu canción preferida un poco modificada para la ocasión, o que saluden con ganas. Y que se lo curren. Porque en el último concierto de The Killers en Barcelona creo que me costó más entrar en el recinto que lo que duró el concierto. Ochenta minutejos y “Adiós Hamijos”. Y eso de dejar los hits para el programadísimo bis de 10 minutos (incluidos en los 80, que narices)… A ver Brandon Flowers, haced como AC/DC que toca dos horas y pico a toda máquina y dejad a la gente satisfecha, hombre, que eso es como si en un restaurante te sacaran la mitad en todas las raciones para que repitas…

Hasta merece la pena aguantar las conferencias de Bono, porque forman parte de la experiencia, y te sientes participante de su espectáculo, y como ellos muchos otros, que son los grandes, las Stadium Bands, los grupos que consiguen que a sus conciertos vaya gente que no es fan. Las que perduran. Las que llenarán siempre, las que no se verán tan afectadas por las descargas ilegales.

The Killers NO es una Stadium Band, por mucho montaje de luces, promoción, colas y entradas agotadas en horas. Y les falta mucho, mucho, mucho

sábado 20 de junio de 2009

Hagamos una página en feisbuk

Todos conocemos Facebook, y twitter y yammer y amiando...son herramientas basadas en esa entelequia que se viene a llamar web 2.0. No cabe duda que éstas han supuesto una revolución social y profesional, como en el caso de linked in y que pueden convertirse en grandes medios para el marketing y la creación de marca.

El mayor problema que tienen estriba en su principal virtud. Son sencillas de utilizar, están al alcance de cualquier bípedo que tenga los pulgares prensiles y conexión a internet y en su vertiente más básica son gratuitas. Esto hace que muchas marcas confundan su uso y sobrevaloren su potencial. Un grupo de Facebook de, pongamos, Harley Davidson o Lost, tiene un claro interés y potencia la marca, eso está claro. Lo que no está tan claro es que Encofrados Pepe, por poner un ejemplo, necesite una página en Facebook, o que interese realmente un twitter del Banco Santander (por poner otro ejemplo). El hecho de que las herramientas estén ahí, no significa que tu empresa, tu marca o tu producto lo necesiten. Muchas marcas están apostando por el uso de esas herramientas para comunicarse, no nos engañemos sobre todo porque SON GRATIS (en teoría), y después se dan cuenta de que no les funcionan. Esto lleva a una natural desilusión y a una minusvaloración de estas herramientas.

No debería ser así, ya que son potentes medios de comunicación que realmente pueden cambiar el futuro de las relaciones marca-persona. Solo hay que preguntarse ¿Cuál es la que me hace falta?

domingo 26 de abril de 2009

Rompepistas


Rompepistas de Kiko Amat es un libro que se lee de una sentada. O de una sentá, que dirían los protagonistas del libro. Lo compré el viernes por la tarde y lo acabé ayer por la noche.

Rompepistas, que ya no se llama Rompepistas, vuelve a su pueblo desde Barcelona para asistir a un funeral de alguien a quien hace años que no ve y se da cuenta que en el mismo momento que pisa la plaza del pueblo lo que era, sus amigos y su antiguo nombre se adhieren a su alma como un vaquero mojado. No solo vuelve a su pueblo, vuelve a cuando tenía 17 años y se llamaba diferente y nos narra su historia de inadaptado adolescente en un entorno dificil.

Con una prosa rápida y llena de referencias emocionales y musicales, descubrimos las vivencias de unos amigos (Clareana, Chopped, Carnaval y él mismo)que están descubriendo que las promesas son más fáciles de hacer que de mantener y que estos descubrimientos son los que hacen que te hagas eso que llaman adulto. El libro te deja un regusto un poco agridulce, cuando descubres vivencias propias en sus páginas. Promesas como "Siempre te querré", "Seremos amigos para siempre" o "Todo irá bien", promesas desesperadamente reales cuando te crees inmortal e invencible a tus 17 años y que el tiempo ha demostrado que eran incumplibles. Cualquiera de nosotros podemos reconocernos en esa mirada a lo que se quiere dejar atrás.

Un buen libro, la verdad.

Nueva etapa bloggin

A partir de ahora este blog no se va a dedicar solo a hablar de marcas sino también otras cosas que me interesan. Como he puesto en la descripción, las opiniones son como las orejas. Y yo tengo dos de momento, así que ya os podéis imaginar.

Y como me da vergüenza cojer un cajón e irme a Rambla Catalunya a soltar mis opiniones, lo hago desde aquí que es más cómodo. Para mi, y para los demás que narices.

Bienvenidos a la nueva etapa del blog.

lunes 19 de enero de 2009

La marca que llegó del frio


Aquí está el gallinero revolucionado por unas fotos de Soraya Saez de Santamaría, por el traje de Chacón, por el pelo nuevo de Bono, como si no tuvierámos otras preocupaciones. Pues mirad en otros países como se las gastan las políticas. Esta si que sabe. Un peinado típico de campesina de su país (ella,está al lado del pueblo), ropa de lujo evidentemente femenina (es mujer y tiene exito ¿y?) y cara de no haber roto un plato en su vida (fiaros de mi, adversarios).

Julia Timoschenko me fascina, es la versión 2.0. de Margaret Tacher, una suerte de mariscal travestido en señorita. Una muñequita con caracter de león. Ha hecho de su imagen parte de su éxito, y por supuesto, su imagen de marca. No olvidemos, que esta señora no ha sido así (tan rubia, tan peinada y tan vestida) hasta que decidió dar el salto a la presidencia. Hoy en día es la Primera Ministra de Ucrania.

¿Qué pasaría aquí, si, pongamos el caso, Magdalena Alvarez se presentara en el Congreso de los Diputados con peinado de lagarterana? Mmmm... creo que hasta Federico Jiménez Losantos se iba a quedar afónico.